

Michka, el personaje central de Las gratitudes, es una anciana que padece de afasia. Las palabras son nuestro nexo con el mundo; al olvidarlas o confundirlas, es la misma existencia de Michka la que se desvanece.
Aun así, su mayor preocupación consiste en encontrar a la familia que la protegió de niña durante la ocupación nazi en Francia. Los allegados de Michka intentarán ayudarla emprendiendo una investigación que le permita encontrar a esas personas y saldar su deuda de gratitud.
En Tinta simpática es algo más pronunciada y evidente la trama policiaca, aunque Jean Eyben no se enfrenta a sórdidos personajes del hampa, sino al tiempo y el olvido: las espesas brumas que ocultan y desfiguran nuestra memoria.
En ambas novelas, los protagonistas pretenden encajar piezas que aún quedan sueltas en el puzle de sus vidas y el lector asiste a esa reconstrucción, que se resuelve con serenidad y esperanza.